Pensamientos anti-dieta

Los pensamientos anti-dieta

“¿Para qué seguir sacrificándome si jamás voy a poder bajar todos esos kilos que tengo de más?” Si este es nuestro pensamiento mientras hacemos la fila para comprar el almuerzo, es muy probable que ese día cambiemos la ensalada por una hamburguesa con papas fritas.
Luego, sentiremos tanta culpa que meteremos una moneda en la máquina de snacks para comernos una barra de chocolate con cereales. El final es conocido y con remordimiento nos diremos: “¡Para qué tanto sacrificio si nunca voy a poder adelgazar!”

La Dra. Judith S. Beck, autora del libro La dieta Beck completa para toda la vida, ha diseñado un método para bajar de peso que se basa, justamente, en cambiar los hábitos alimenticios que sabotean la dieta. Basada en la terapia cognitiva que desarrolló su padre, el Dr. Aaron Beck, en los años 60, la Dra. Judith Beck describe con mucha claridad los 10 pensamientos que menos ayudan a tener éxito con el plan para adelgazar:

Hambre: “Tengo hambre. Si no como, voy a tener más y más hambre hasta que no lo pueda tolerar. Tengo que comer ahora ”.
Comida emocional: “Estoy cansado, necesito comer; no puedo calmarme hasta que coma algo”.
Planificación: “Seguir un plan es demasiado limitado. No tengo que planificar nada. Seré capaz de tomar las decisiones correctas en el momento ”.
Hacer trampa: “¡ Lo arruiné todo! Entonces puedo comer cualquier cosa que tenga ganas por el resto del día y empezar de nuevo mañana.”
Engañarte a ti mismo: “Está bien comer esta comida que no estaba en mi plan porque…. estoy cansado / es gratis / todos los demás están comiendo / difícilmente podré comerlo otra vez / es una ocasión especial / estoy comiendo apenas una porción, no todo / después puedo comer menos / es saludable / de verdad lo deseo / no tiene importancia.”
Injusticia: “ No es justo que no pueda comer lo que deseo. No es justo que tenga que ponerme límites a mi mismo”.
Impotencia: “ Hacer dieta es muy difícil. No puedo hacerlo. Nunca podré perder peso.”
Desánimo: “¡No puedo creerlo! La balanza subió. Lo intenté con tanto esfuerzo. No vale la pena esforzarse.”
Expectativas poco realistas: “ La dieta debería ser sencilla y a corto plazo. Si pudiera encontrar la dieta “mágica”, podría perder peso fácil y rápidamente, y después volvería a mi antigua forma de comer”.
Falta de aceptación: “ Yo tendría que poder comer y beber lo mismo que el resto y, a pesar de todo, perder peso”.

Si te resultan conocidos estos pensamientos, ahora sabes que no eres la única persona que los tiene. Aparecen en la mente de todos los que hacen dieta. Eso sí, si resistes la tentación, te merecerás un premio. No se trata de una galleta o un plato especial sino de otro pensamiento. ¡Yo puedo! Sin duda, ¡tú puedes vencer a los saboteadores! ¡Tú puedes bajar de peso! Que no se te olvide.

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